Yo nací y crecí con alas de mujer, alas de libertad, alas de colores brillantes. Volaba libre, sintiendo el aire cálido y suave, y apareció él, siempre cazador y yo presa, siempre presa de su voluntad, de su ego. Enjaulada empequeñecieron mis alas, perdieron su brillo, se tornaron negras como la noche. Cautiva, sumisa y dolida soñaba que abandonaba mi jaula, soñaba que volvía el entendimiento que había iluminado mi vida, ¡y vovió! Rompí la jaula, desplegué mis alas y volé, volé alto, toqué el cielo; en ese instante mis alas de mujer recuperaron sus colores y yo la libertad.

                                                                        Elena Ibáñez Muñoz